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Por qué gritarle a alguien con dificultad auditiva no funciona (y qué sí)

Casi 1 de cada 4 personas mayores de 60 años vive con pérdida auditiva discapacitante, según la Organización Mundial de la Salud. En el mundo, más de 1.500 millones de personas conviven con algún grado de dificultad para oír. No es una condición rara ni aislada, es probable que ya converses seguido con alguien que la tiene, aunque no te lo haya dicho.

En la Edición Nº1 de nuestro newsletter dejamos cuatro consejos rápidos sobre esto. Aquí vamos más a fondo, qué dice la evidencia detrás de cada uno, y por qué algunas cosas que parecen sentido común en realidad empeoran la conversación.

Gritar no ayuda, distorsiona

El primer instinto casi siempre es el mismo, subir la voz. Es también el que menos funciona. Forzar el volumen cambia la forma en que se articulan las palabras y deforma los movimientos de la boca. El resultado es una voz más fuerte, pero menos clara, justo lo contrario de lo que se necesita. Hablar despacio y marcando bien las palabras, sin gritar ni exagerar los gestos, es lo que recomiendan de forma consistente organizaciones como ASHA (American Speech-Language-Hearing Association) y la Hearing Loss Association of America.

La cara comunica lo que el oído no alcanza

Buena parte de una conversación no se escucha, se ve. Estudios sobre lectura labial coinciden en que entre el 30% y el 40% de los sonidos del habla son visibles en los labios, el resto depende de que el oyente complete lo que falta con contexto y con el resto de la cara. Por eso importan cosas simples, hablarle de frente, no de lado ni desde otra habitación, en un espacio bien iluminado, sin cubrirte la boca con la mano ni comer mientras hablas. No es solo un gesto de cortesía, es información que la otra persona necesita para completar lo que el oído no captó.

El ruido de fondo pesa más de lo que crees

Una persona con audición típica puede seguir una conversación incluso cuando el ruido de fondo es más fuerte que la voz de quien habla. Investigación en audiología muestra que alguien con pérdida auditiva generalmente necesita lo contrario, que la voz sea notablemente más fuerte que el ruido, para entender lo mismo. Eso explica por qué un restaurante ruidoso o la televisión encendida de fondo convierten una conversación normal en un esfuerzo agotador para la otra persona. Bajar el volumen de lo que suena alrededor ayuda más que subir el de tu propia voz.

Repetir no es lo mismo que reformular

Cuando alguien no entiende, el reflejo es repetir la misma frase, más fuerte. Rara vez funciona, si una palabra no se entendió la primera vez, decirla exactamente igual no le da información nueva a quien escucha. Decirla con otras palabras sí, porque cambia los sonidos, el ritmo, y las pistas visuales disponibles para completar el mensaje.

Ninguno de estos ajustes cuesta nada ni requiere entrenamiento. Cambian, eso sí, cómo se siente la persona al otro lado de la conversación. Construimos Parlando pensando en Berthica, la abuela de mi esposa, y en cada conversación que se quedó en un sí y una sonrisa, en lugar de la respuesta real.

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Fuentes
  1. Organización Mundial de la Salud, "Deafness and hearing loss" — https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/deafness-and-hearing-loss
  2. Organización Mundial de la Salud, "Deafness" (facts in pictures) — https://www.who.int/news-room/facts-in-pictures/detail/deafness
  3. ASHA, "Tips for Communicating With Someone Who Has Hearing Loss" — https://www.asha.org/about/press-room/articles/tips-for-communicating-with-someone-who-has-hearing-loss/
  4. Hearing Loss Association of America, "Communication Tips" — https://www.hearingloss.org/understanding-hearing-loss/hearing-loss-101/communication-tips/
  5. Killion, M. (1985). "The Noise Problem: There's Hope." Hearing Instruments, Vol. 36